Middlemarch
Middlemarch «Se cansó demasiado anoche», pensó Dorothea, creyendo al principio que estaba dormido y que el cenador era un sitio demasiado húmedo para descansar. Después recordó que en los últimos tiempos le había visto adoptar aquella postura cuando ella le leía, porque la encontraba más cómoda que ninguna otra; y que a veces hablaba y también escuchaba, con el rostro en aquella posición. De manera que entró en el cenador y dijo:
—He venido, Edward; estoy preparada.
Su marido no le hizo caso y Dorothea pensó que debía de estar profundamente dormido. Le puso una mano en el hombro y repitió:
—¡Estoy preparada!
Él siguió sin moverse; y con un miedo repentino, atropelladamente, se inclinó sobre él, le quitó el gorro de terciopelo y acercó la mejilla a su cabeza, exclamando con tono angustiado:
—¡Despierta, Edward, despierta! Escúchame. He venido a responderte.
Pero nunca pudo ya darle su respuesta.