Middlemarch
Middlemarch Más tarde, durante el día, Lydgate se hallaba sentado junto a la cabecera de su cama y Dorothea deliraba, pensando en voz alta y recordando todo lo que había pasado por su cabeza la noche anterior. Se daba cuenta de quién la escuchaba y lo llamaba por su nombre, pero parecía creer que estaba bien contarle todo lo que había pasado; y, una y otra vez, insistía en que se lo explicara a su marido.
—Dígale que iré pronto a verlo: estoy dispuesta a prometerle lo que quiere. Pero pensar en ello era tan espantoso… que ha hecho que enferme. No es que esté muy enferma. Mejoraré en seguida. Vaya y dígaselo.
Ningún sonido, sin embargo, sería ya capaz de romper el silencio en los oídos del señor Casaubon.