Middlemarch
Middlemarch Pero el señor Brooke estuvo en lo cierto al pronosticar que Dorothea no permanecería inactiva mucho tiempo ante la tarea que le había sido asignada; no ignoraba el tenor del testamento redactado en la época de su matrimonio, y su pensamiento, en cuanto tomó conciencia de su posición, empezó a ocuparse en silencio de lo que debía hacer, como dueña y señora de Lowick Manor, con el patronazgo del beneficio eclesiástico unido a la propiedad.
Una mañana, cuando su tío les hizo su habitual visita, aunque en aquella ocasión con una animación poco frecuente en el porte, animación que el señor Brooke explicó diciendo que ya era bastante seguro que el Parlamento sería disuelto sin tardanza, Dorothea dijo:
—Tío, parece justo que considere quién debe recibir el beneficio de Lowick. Desde que se encontró un nuevo puesto para el señor Tucker, nunca he oído decir a mi marido que hubiera pensado en ningún clérigo como posible sucesor suyo. Creo que debería disponer de las llaves para ir a Lowick y examinar los papeles de mi marido. Quizá encuentre algo que permita descubrir cuáles eran sus deseos.