Middlemarch
Middlemarch —Estoy perfectamente bien, tÃo; deseo hacer algo que requiera esfuerzo.
—Bueno, bueno, ya veremos. Ahora debo irme a toda prisa… Tengo muchÃsimo trabajo… Se trata de una crisis… una crisis polÃtica, date cuenta. Y aquà están Celia y su hombrecito… y tú ya eres tÃa, date cuenta, y yo casi abuelo —dijo el señor Brooke, tranquilamente presuroso, deseoso de marcharse y de decirle a Chettam que no serÃa culpa suya si Dorothea insistÃa en enterarse de todo.
Dorothea se recostó en la silla cuando su tÃo hubo salido de la habitación y bajó los ojos en actitud meditabunda hacia sus manos cruzadas.
—¡Mira, Dodo! ¡MÃralo! ¿Has visto nunca algo parecido? —dijo Celia con su sosegada manera de hablar.
—¿El qué, Kitty? —preguntó Dorothea, alzando los ojos con expresión bastante ausente.
—¿El qué? Pues el labio superior; mira cómo lo saca, como si quisiera hacer un gesto. ¿No es maravilloso? Puede que hasta tenga sus pequeñas ideas. Me gustarÃa que estuviese aquà la nodriza. MÃralo, por favor.
Una gran lágrima que llevaba algún tiempo formándose resbaló por la mejilla de Dorothea mientras levantaba los ojos y trataba de sonreÃr.