Cuando era divertido
Cuando era divertido —Creo que ya es suficiente —dijo una voz suave, pero cargada de autoridad.
Y con esas palabras, el frágil equilibrio de la situación se rompió, dejando a todos al borde de un abismo que ninguno habÃa previsto.
El viento helado que irrumpió con la figura en la puerta parecÃa llevar consigo algo más que frÃo: un presagio oscuro, una fuerza que tensaba cada músculo de los presentes. La nueva figura dio un paso hacia el interior, lenta, deliberada. El silencio era tan denso que incluso el crujir de las botas sobre el suelo parecÃa un grito.
—¿Quién diablos eres? —espetó el hombre, alzando la voz por primera vez.
La figura no respondió de inmediato. Se quitó el abrigo con movimientos precisos, como si tuviera todo el tiempo del mundo, y lo dejó colgado en el perchero junto a la puerta. Cuando levantó la vista, su rostro estaba parcialmente oculto en la penumbra, pero la mirada que dirigió al hombre parecÃa perforarlo.
—Eso deberÃa ser lo menos importante ahora mismo —dijo, con un tono tan tranquilo que resultaba escalofriante—. La pregunta que deberÃas hacerte es qué estoy haciendo aquÃ.