Cuando era divertido
Cuando era divertido —Mira, no sé quién eres ni qué quieres, pero te estás metiendo donde no te llaman —respondió el hombre, avanzando un paso.
Ella, en cambio, retrocedió. SabÃa que algo en esa situación estaba mal, profundamente mal. Su mirada buscó la de su amigo, quien permanecÃa rÃgido, atrapado entre el impulso de protegerla y el miedo que le generaba la tensión en el aire.
—¿Es esto lo que querÃas? —preguntó la figura, dirigiéndose a ella por primera vez. Su voz era suave, pero sus palabras cortaban como el filo de una navaja—. ¿Una noche de aventuras? ¿Huir de todo?
Ella no respondió, pero sus ojos traicionaban la confusión y el miedo que crecÃan dentro de ella.
—Déjala en paz —dijo su amigo, finalmente encontrando su voz. Dio un paso al frente, interponiéndose entre ellos.
La figura soltó una risa baja, casi inaudible. —¿Dejarla en paz? —repitió, como si estuviera probando las palabras—. ¿De verdad crees que esto tiene que ver contigo?
El hombre mayor, que habÃa permanecido en un segundo plano hasta entonces, dio un golpe seco con la palma de la mano sobre la mesa. —¡Ya basta! —exclamó, su voz retumbando en las paredes—. Alguien tiene que explicar qué está pasando aquÃ, y tiene que ser ahora.