Cuando era divertido
Cuando era divertido La figura giró lentamente la cabeza hacia él, como si apenas recordara su presencia. —Tú no entiendes nada, ¿verdad? —dijo con una sonrisa gélida—. Esto no tiene nada que ver contigo tampoco.
Antes de que nadie pudiera reaccionar, apagó las luces con un movimiento rápido. La oscuridad se cerró sobre ellos, y por un momento, solo se escuchaba el viento soplando a través de la puerta aún abierta.
—Vamos a jugar un poco —susurró la figura desde algún lugar de la habitación.
El sonido de un objeto metálico golpeando el suelo llenó el silencio. Un destello de luz parpadeó, revelando por un instante los rostros tensos de todos: el miedo en los ojos de ella, la confusión en su amigo, y la furia contenida en el hombre mayor.
—¿Qué... qué haces? —preguntó él, intentando mantener la calma, pero su voz temblaba.
—A veces, para entender lo que realmente importa, hay que perderlo todo primero.
La explosión de un chasquido eléctrico llenó el espacio, y todo cambió.
En ese instante, con los sentidos saturados y la realidad trastornada, cada uno de ellos comenzó a comprender que las reglas del juego ya no estaban bajo su control.