El regalo
El regalo —¿Nada importante? —La mujer sonrió con ironÃa—. ¿Ni siquiera los años que pasaste acumulando lo que creÃas que te definÃa?
Él sintió una punzada en el estómago.
—¿De qué hablas?
La mujer suspiró y se puso de pie.
—Anda. Ven conmigo.
Caminaron en silencio.
Las calles de La Isla eran extrañas. No habÃa tráfico. No habÃa ruido. Solo algunas casas desperdigadas, tiendas pequeñas sin letreros llamativos, rostros que lo miraban sin sorpresa, como si su llegada hubiera sido esperada.
—Todos aquà llegaron como tú —dijo la mujer.
—¿Atrapados?
—Perdidos.
Él se cruzó de brazos.
—¿Y qué? ¿Esto es una secta? ¿Un manicomio?
—Es un lugar para los que no supieron detenerse a tiempo.
Él rió con amargura.
—Bueno, pues me detuve. Quiero largarme.
La mujer se detuvo frente a una casa de fachada desgastada.
—Cuando estés listo, lo harás.