El regalo
El regalo —Ni tu móvil. Ni tu dinero. Ni la persona que eras cuando llegaste.
Un escalofrío le recorrió la espalda.
—Eso es mentira.
—Es La Isla.
El enojo subió en su garganta como bilis.
—No me interesa tu filosofía barata.
Ella inclinó la cabeza.
—Entonces pruébalo.
—¿Probar qué?
—Que aún eres el mismo.
El mercado era más pequeño de lo que esperaba. Un par de puestos de frutas, un sastre, una tienda de libros viejos. Nada tenía precios.
La gente elegía lo que necesitaba y se lo llevaba sin discutir.
—¿Cómo funciona esto? —preguntó.
—Aquí nadie compra ni vende —respondió la mujer—. Solo tomas lo que realmente necesitas.
—¿Y si alguien se lo lleva todo?
Ella rió.
—La pregunta correcta es: ¿por qué alguien haría eso?
Él sintió un nudo en el estómago.
Caminaron hasta la plaza. Un grupo de niños jugaba con una pelota de tela.