El regalo
El regalo Pero él no querÃa esperar. QuerÃa moverse, hacer algo, encontrar a quien le habÃa arrebatado lo que le pertenecÃa.
Fue entonces cuando lo vio.
Un hombre mayor, de cabello largo y sucio, con una guitarra destartalada apoyada contra un banco de madera. Lo observaba sin prisa, con esa media sonrisa de quien ha visto todo antes y ya nada le sorprende.
—Bonita noche para perderlo todo, ¿eh? —dijo el hombre, sin levantarse.
Él no respondió. No tenÃa ánimo para charlas con desconocidos.
—No te preocupes, amigo. Todo tiene arreglo.
—¿S� ¿Y cómo se arregla esto?
El hombre señaló su vieja furgoneta azul, oxidada en los bordes, con una calcomanÃa medio borrada en la puerta.
—Sube. Te llevo a la comisarÃa.
Él dudó. Pero, ¿qué otra opción tenÃa?
La carretera avanzaba como un rÃo negro, sin luces a los costados. Solo el sonido del motor y el rÃtmico golpeteo de las ruedas contra el asfalto.
—¿Cuál es tu historia? —preguntó el hombre, manteniendo la vista fija al frente.
—No tengo una.
—Todos tienen una. Algunos solo no la han descubierto aún.
