El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota —De pie sobre las gradas del templo, ha dicho cosas extraordinarias que todas ellas pertenecen a lo porvenir. Unos hombres le presentaron a una mujer hallada en el adulterio, que, según la ley de Moisés, debía morir a pedradas. Dijéronle: «Tú que sabes tanto, ¿qué opinas que hagamos con esta culpable?» Entonces Jesús guardó silencio por unos instantes y se puso a escribir con la punta del dedo índice algunos caracteres en el muro del templo. Nadie se atrevió a interrumpirle; por fin, alzando su majestuosa cabeza y abarcando con una mirada llena de ternura a aquella infeliz que lloraba arrodillada a sus pies, dijo con una voz que no puede olvidarse, una vez oída: «El que esté de vosotros sin pecado que le arroje la primera piedra». Pero en vez de arrojársela se les cayó de las manos y se fueron, dejando a la esposa culpable. Yo vi a aquellos hombres huir avergonzados como si fueran criminales, como si las palabras de Jesús les hubieran recordado que ellos también tenían culpas y crímenes que ocultar. El Mesías levantó a la adúltera y le dijo: «Mujer, ¿dónde están los que querían matarte? Vete y no peques más».
—¡Oh! Indudablemente ese hombre sabe más que los doctores del Sinedrio —dijo Pilato.