El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota —Mas ¡ay de las preñadas y de las que crÃen en aquellos dÃas! Rogad, pues, que no sean estas cosas en invierno, porque serán dÃas de espanto y tribulación, cual nunca fueron desde que Dios hizo a las criaturas hasta ahora. Porque se levantarán falsos profetas y darán señales para engañar. Estad sobre aviso. He aquà que todo esto os lo dije de antemano. Porque en aquellos dÃas de tribulación se oscurecerá el sol, y la luna no dará resplandor, y caerán las estrellas del cielo y vendrá el Hijo del Hombre en las nubes con gran poder y gloria, y enviará sus ángeles y juntará sus legiones de los cuatro vientos desde el un cabo de la tierra hasta el otro cabo del cielo. En verdad os digo que no pasará esta generación que todo esto no sea cumplido. Estad sobre aviso: velad y orad, porque no sabéis cuándo será ese tiempo. No sea que cuando viniere de repente os hallare durmiendo.[92]
Jesús guardó silencio. El llanto corrÃa de sus ojos. Los apóstoles, ante aquella terrible profecÃa, estaban absortos, sin atreverse a preguntar nada y como si temieran que vaticinara mayores desventuras aún sobre el pueblo desgraciado de Judea.
El Nazareno, que no apartaba su dolorosa mirada de la ciudad de Jerusalén, volvió por tercera vez a hablar, y dijo: