El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota »Nos parecerá un ser despreciable. El postrero de los hombres, varón de dolores. Apartaremos de Él las miradas como de un leproso que oculta el rostro. En verdad Él tomará sobre sà nuestras enfermedades[105] y Él cargará con nuestros dolores; por nuestra causa se verá cubierto de llagas; será afligido por nuestros crÃmenes y morirá en medio de crueles padecimientos, sin desplegar los labios, como el cordero que conducen al sacrificio, y sobre sus espaldas cargará el peso de nuestras iniquidades.»[106]
Cuando terminaron el himno del Profeta, Jesús hizo una segunda libación, ofreciendo después el cáliz a sus discÃpulos. Jesús entonces bajó de la cama y, quitándose el manto que embarazaba sus brazos, se encaminó a un extremo de la sala en donde veÃase una toalla de lienzo, dos ánforas de cobre y un lebrillo del mismo metal.
Dos criados de Helà entregaron la toalla a Jesús, que se la ciñó a la cintura, dejando un extremo colgando como un delantal.
El Nazareno se acercó a Pedro, seguido de los criados que conducÃan el barreño y le dijo:
—Amado Pedro, voy a lavarte los pies.
—¿Tú me vas a lavar los pies?[107] —exclamó Pedro.