El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Pedro se resistÃa. Aquella humildad de su Maestro no estaba al alcance de su inteligencia. Jesús, con su mansedumbre nunca desmentida, le dijo estas palabras:
—Cuando el EspÃritu Santo inunde de luz tu inteligencia, sabrás por qué hago estas cosas y otras muchas que ahora ignoras. El que no me obedezca será excluido del número de mis ovejas.
Pedro, que amaba a Cristo entrañablemente, se dejó lavar los pies. Jesús lavó uno por uno los pies de sus discÃpulos. Luego, dejando el lienzo en su sitio y colocando el manto gris sobre sus hombros, volvió a sentarse en la cama y les dijo de este modo:
—Amados mÃos, lo que Yo he hecho con vosotros debéis vosotros hacer con vuestros hermanos para ganar el reino de los cielos. «En verdad os digo: el siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que aquel que le envió: si esto hacéis, si comprendéis la necesidad que tiene el hombre de humillarse ante su semejante, por pequeño que sea, bienaventurados seréis si lo hiciereis.»[108]
Nadie se atrevió a interrumpir al Divino Orador.
Jesús continuó: