El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota —¿Tu alma pondrás por M� En verdad te digo que no cantará el gallo esta noche sin que me hayas negado tres veces.[109]
Pedro oyó aquellas palabras con asombro inmenso. ¿Cómo era posible que él negara tres veces a Jesús, a su Maestro, a su muy amado Señor? Aquella duda le atormentaba lo indecible.
Jesús continuó:
—La paz os dejo, la paz os doy. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde.[110] Todos vosotros, amados discÃpulos mÃos, padeceréis esta noche por MÃ, porque escrito está: Heriré al pastor y se descarriarán las ovejas del rebaño. Mi muerte está cercana. Mas después que resucite iré delante de vosotros a la Galilea[111] a enseñaros el camino.
La tristeza de los discÃpulos era inmensa. Jesús, padre amoroso, veÃa aproximarse el instante terrible de la separación y las lágrimas asomaban a sus ojos. Por fin hizo un esfuerzo, y levantándose del lecho, dijo a sus discÃpulos con voz entera:
—Vamos, la hora se aproxima.
Salieron del cenáculo: Jesús delante; los discÃpulos detrás. La noche estaba obscura.
Al cruzar los dinteles de la casa de Nicodemus, el Nazareno oyó un gemido angustioso. Volvió la cabeza y vio a dos mujeres arrodilladas a los dos extremos de la puerta. Él se hallaba en medio.