El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota —¡Madre! ¡Magdalena! —dijo—. ¿Qué hacéis aqu�
—QuerÃamos verte salir. Hijo amado —exclamó la Santa Virgen con doloroso acento.
Jesús levantó a su Madre y dióle un beso en la frente. Era el último que debÃa darle en la tierra de los hombres, donde iba a padecer el doloroso calvario de su muerte.
Magdalena besó en silencio el extremo del manto del Maestro Divino.
Jesús y MarÃa permanecieron un momento abrazados. Los dolorosos sollozos de aquella Madre sin igual entristecÃan a los silenciosos apóstoles. Por fin Jesús apartó de su pecho con suavidad a MarÃa, y sin desplegar los labios continuó su camino, seguido de sus discÃpulos. Poco después, Helà daba hospitalidad en su casa a aquellas dos mujeres, cuyo dolor era inmenso, cuya amargura era sin igual.