El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota EL CAMINO DE SANGRE
—¿A quién buscáis?
—A Jesús Nazareno.
—Yo soy; si me buscáis a MĂ, dejar ir a Ă©sos.
(San Juan, capĂtulo XVIII.)
LAS TRES GOTAS DE SANGRE
JesĂşs y los discĂpulos salieron de JerusalĂ©n por la puerta Doria, y cruzando el torrente CedrĂłn, tomaron el angosto sendero que conduce al monte de los Olivos. SerĂan las diez de la noche. El viento soplaba frĂo, impetuoso, como un bronco lamento de la naturaleza, quebrándose en las rocas del valle de los Cedros.[112]
Los bĂşhos entonaban su tĂ©trico canto desde el sepulcro de los profetas. La luna, triste y pálida como nunca, comenzaba a elevar su frente por las espaldas del monte Erego. Espesos nubarrones recorrĂan por el Ă©ter, anunciando una prĂłxima tempestad.
El doloroso silencio de JesĂşs, que caminaba delante con la frente inclinada hacia el suelo y la tristeza de la noche, oprimĂa el afligido espĂritu de los apĂłstoles: