El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota En la frente de Jesús brotó una gota de sudor. Aquella gota era roja como la flor del granado. El Nazareno sudaba sangre. Alzó los ojos llenos de dulce resignación al cielo y, juntando las manos en ademán suplicante, murmuró esta frase:
—¡Dios mío, cúmplase tu voluntad!
Luzbel interrumpió su carcajada y exhaló un grito de dolor.
La mansedumbre de Cristo le despedazaba el corazón. Tomó aliento, como el que se dispone a luchar, y dijo: