El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Luzbel se detuvo. Jesús volvió a decir:
—Señor, hágase como deseas.
Un grito atronador brotó de la inmunda boca del demonio tentador, y dijo:
—¿Y no desprecias a esa raza?
—No… Moriré por ella —repuso Jesús. En este momento una segunda gota de sangre brotó de la divina frente de Jesús.
¡Jerusalén! ¡Jerusalén!, prepárate a presenciar la muerte del Justo. Su dolor será inmenso, su agonÃa dolorosa, su muerte cruel; pero su sangre purificará al género humano. Y vosotros, Apóstoles de Jesús, cuya fe inquebrantable os lleva en pos de los pasos del Divino Maestro, preparaos para el futuro martirio que os espera. Vosotros seréis la semilla cristiana que se extenderá por el campo del universo; pero vuestra muerte será terrible, cruel, horrorosa…
Después resonó un trueno pavoroso. El arcángel habÃa desaparecido.
Jesús cayó de rodillas y se puso a orar. Una tercera gota de sangre manchó su frente. La bóveda de la gruta volvió a abrirse. La luz del cielo bañó por segunda vez el cuerpo del Mártir y los ángeles entonaron este canto:
—Tu dolor sublime, tu sangre inocente dará la paz al universo. ¡Gloria a Jesús en la tierra! ¡Gloria al Señor en los cielos!