El mártir del Gólgota
El mártir del GĂłlgota —Es un malhechor, un conspirador, un blasfemo —gritĂł Caifás acercándose a las gradas—. Si no fuera un criminal no te lo hubiĂ©ramos traĂdo.
—Si ese hombre pecó contra vuestra ley —repuso Pilato—, juzgadle vosotros. ¿Qué tiene que ver Roma con vuestras cuestiones religiosas? Os tolera vuestro templo, os permite que recéis en vuestras sinagogas, y nada más. Juzgadle, juzgadle vosotros.
—La pena de muerte, bien lo sabes, Pilato, os la habéis reservado vosotros como derecho de conquista —dijo Caifás—. Nosotros no podemos sentenciar a Jesús y su delito merece la muerte.
—Pues bien, acusadle de crĂmenes que merezcan la cruz: estoy dispuesto a oĂros, hablad, pero todo lo que habĂ©is dicho no vale ni siquiera la pena de que mis soldados permanezcan con la lanza al hombro un cuarto de hora.
—Pilato —exclamó Caifás—, con lo que te hemos dicho, de sobra tienes para sentenciar a Jesús. Recuerda que Tiberio ha declarado reos de muerte en cruz afrentosa a todos los hechiceros y este hombre cura endemoniados y hace otros mil sortilegios. ¿No falta a lo que tu señor prescribe?