El mártir del Gólgota

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CAPÍTULO IV

EL ÁNGEL GABRIEL

Nazaret, flor de Galilea, recibió en su amoroso seno a los castos esposos. Jesús, rosa del campo, lirio del valle, iba a ser concebido en las virginales entrañas de la Estrella del Mar.

José y María vivían contentos y felices en la humilde habitación de Santa Ana.

El Patriarca ejercía su profesión de carpintero en un cuarto bajo de doce pies de ancho y otros tantos de largo, separado de la casa de Ana como unos sesenta pasos. Siguiendo una antigua tradición de Oriente, ejercía su oficio de carpintero en otro local aparte del que vivía su esposa.

Caritativo en extremo, había levantado sobre la puerta de su casa de trabajo una especie de tendal, hecho con ramas de palmera, a cuya sombra los fatigados viajeros tenían un banco donde descansar, agua fresca con que apagar su sed, sabroso pan amasado por la Virgen con que matar el hambre, un techo hospitalario que les libraba de los ardientes rayos del sol, y un hombre bueno y afable que con la sonrisa en los labios les ofrecía su pobreza. Allí, según dice Orsini, el laborioso artesano construía arados, yugos y carros de labranza, y algunas veces levantaba las cabañas de las aldeas. Allí, según San Justino Mártir, fue donde más tarde el Hombre-Dios ayudó a su padre en tan penosos y rudos trabajos.


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