El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Entonces las nazarenas se reúnen alrededor de la fuente. El estado de la virgen no se ha escapado a las curiosas miradas de las mujeres. Una de ellas ha hecho observar a las demás que MarÃa está encinta, y aunque no se han atrevido a darle la enhorabuena, se regocijan en su interior y piensan propagar la nueva por el pueblo.
Mientras tanto, José trabajaba en su reducida tienda. El noble y honrado Patriarca nada sabe, porque sus ojos son ciegos a la malicia, y respeta a su esposa como a una virgen de Sión. Pero los dÃas pasan y el estado de la Virgen se hace más visible. Entonces José no da crédito a sus ojos: una tristeza, una melancolÃa inexplicable se apoderan de su corazón. El sueño no desciende sobre sus párpados; hondos suspiros se escapan de su pecho, y la duda comienza a extender su matador veneno por su alma recta y sencilla.
Una mañana, con el hacha al hombro, se encamina al Carmelo. Las profundas arrugas de su frente venerable se hallan cargadas de negros presentimientos. Débil el cuerpo, preocupada la imaginación, se sienta a la sombra de un frondoso sauce, olvidándose del motivo que allà le conduce.