El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota El populacho se miró con asombro, y no hallando palabras que responder a los viajeros, hizo un movimiento indiferente de hombros.
Baltasar, a su vez, preguntó a los que tenÃa más cerca:
—¿Dónde está el MesÃas, el Rey de los judÃos?
—En Jerusalén no hay más rey que Herodes el Grande, nuestro señor —le respondió un alcabalero con duro acento.
—Nosotros hemos visto una estrella desconocida en el cielo —añadió Gaspar—, y esa estrella no nos cabe duda, es la que predijo Balaam.
—La estrella de Jacob aun no ha nacido para los israelitas —le contestó un fariseo.
—Locos deben ser —murmuró un soldado romano mirando con desdén a los Magos.
—Demos parte a nuestro rey Herodes —repuso un escriba.
—SÃ, sÃ, démosle parte —exclamaron varios herodianos que se hallaban entre la apiñada multitud.
Los reyes, viendo que eran inútiles sus preguntas, pues nadie les indicaba la casa del MesÃas, torcieron por una ancha calle que conducÃa al antiguo palacio de David, y se instalaron en uno de sus ruinosos patios.