El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Más tarde, como verá el lector en el transcurso de este libro, cayeron bajo el filo del cuchillo sangriento de Herodes seis hijos más. El tirano quiso ahogar el grito incesante de su conciencia, que le recordaba su crueldad para con sus hijos, prodigando toda clase de cuidados a sus nietos.
Muchas veces, en la prolongada agonÃa de sus últimos años, hizo que aquellos niños que su mano habÃa dejado huérfanos rodearan su lecho, y se entretenÃa en disponer los matrimonios de aquellos infantes para más adelante. Entre sus nietos, el favorito era Achiab, hijo de Archelao, a quien destinaba la corona de Jerusalén.
Sólo siete personas rodeaban al rey: Salomé, su hermana; Alejo, su cuñado; Cingo, su esclavo; Verutidio, general legionario; Archelao, su hijo, y Ptolomeo, viejo guardasellos. Después de éstos, todos los habitantes de Israel eran tenidos como enemigos, si se exceptúan los soldados mercenarios y los viles herodianos.
Para Herodes, la vida era un sueño de muerte. El último de los súbditos era más feliz que su señor.
Hechas estas aclaraciones, volvamos a encontrar a Achiab en el momento que penetra en la cámara del rey.
—Gracias a Marte que te dejan solo, querido abuelito —dijo el mancebo entrando precipitadamente en la habitación.