El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Un grito de ¡viva el rey! resonó en la plaza.
Herodes, después de saludar con una sonrisa a su nieto y con el pañuelo a sus soldados, dijo a su esclavo Cingo:
—A Jericó.
—A Jericó —repitió Cingo al guardasellos, el cual trasmitió la misma orden a un centurión romano.
Entonces Salomé subió en otra litera con su esclava favorita. Alejo montó un fogoso caballo, y fue a colocarse a la derecha de la litera de Herodes.
Poco después, el tirano de Judá salía por la puerta Doria rodeado de sus lanzas mercenarias, y tomando el camino de Bethania se encaminó hacia las orillas del Jordán en busca de su ciudad favorita.
Dejemos al idumeo proseguir su camino, abismado en sus sangrientos planes, y volvamos a encontrar a los peregrinos de Oriente, a los sabios de Seleucia.