El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota La profetisa detiene su paso ante Simeón; su rostro se inmuta, su corazón se conmueve de gozo dentro de su pecho, y exclama absorta:
—¡Qué es esto, Dios invisible!
Entonces sus ojos se fijan en Jesús; un grito de gozo se escapa de su boca, y cayendo postrada a los pies de MarÃa, dice extendiendo sus brazos:
—Tú eres la Madre del MesÃas: deja que bese las plantas de tu Santo Hijo.
Los jerosolimitanos, que respetaban el saber de Ana, fueron agrupándose en torno suyo, ansiosos de oÃr las inspiradas palabras que la vista de aquel tierno Niño le arrancaba.