El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Jesús, como si hubiera querido despedirse del hombre que con tanta bondad le había recibido en su casa, rodeó con sus brazos el cuello del facineroso.
Entonces Dimas oyó una voz dulce y melodiosa como el sonido de un arpa aérea herida por el céfiro nocturno, que le decía al oído:
—Tu muerte será gloriosa… y morirás conmigo.
Dimas quedóse absorto, demudado, como si del fondo de su sepulcro se hubiera levantado la voz de su padre. ¿De quién era aquel acento misterioso? ¿Quién había pronunciado aquellas palabras? El Niño que tenía en sus brazos contaba apenas cuatro meses de edad.
Dimas sintió que las fuerzas le abandonaban, y temeroso de que aquel misterioso Niño se le cayera de sus brazos, fue a depositarle en los de su madre, que ya se hallaba montada en la pollina. María recibió de manos del bandido, con una sonrisa de bondad, el precioso tesoro de su corazón, y después, despidiéndose de cuantos la rodeaban abandonó el castillo.