El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Era una habitación pequeña, adornada con ese gusto refinado de los griegos, y que los romanos esparcieron por el mundo antiguo paseando su águila triunfadora. Las paredes, tapizadas con nacarada seda de las Galias, brillaban como la flor del granado herido por los rayos del sol poniente. Cuatro lámparas de oro suspendidas del artesonado techo vertÃan las claras ráfagas de sus llamas alimentadas con aceite de Mitilete, sobre una mesa de ébano, con incrustaciones de marfil. La mesa era redonda y de un solo pie o manupudium, como la llamaban los romanos, cuya forma caprichosa demostraba el buen gusto del artÃfice constructor. Un lecho en forma triangular se extendÃa alrededor de la mesa, donde los mullidos almohadones de raso azul convidaban al descanso y a la pereza.