El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota mi canto es un gemido,
mi amor una quimera.
Yo soy la pobre tórtola que errante
en las rocas del Líbano se anida;
¿por qué queréis que cante
si tengo el alma herida?…
Dejad que de su amor el pecho mío
viva muriendo en soledad dichosa;
sin sol y sin rocío
no le pidáis perfumes a la rosa.
El canto y la música cesaron; los ecos del solitario y los gemidos armoniosos de la voz de la mujer se perdieron como los sueños impalpables de una alma enamorada, dejando solamente en pos de sí un dulce recuerdo vago, melancólico, indefinible, como el ruido de un beso de despedida enviado en alas del céfiro al objeto de nuestro amor.