El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota —¡Que el sombrÃo Moloc, que el terrible Arimán turbe los sueños y emponzoñe la sangre del primero que quebrante la santa alianza que nos une! —exclamó el hijo de Herodes apurando la copa que le habÃa presentado el romano.
—¡Que el sombrÃo Moloc, que el terrible Arimán turbe los sueños y emponzoñe la sangre del primero que quebrante la santa alianza que nos une! —repitió Paulo imitando a su compañero.
—Muy en breve el sol bañará con sus rayos matutinos los altos minaretes de la ciudad y los ámbitos del palacio de Jericó. Entonces las trompetas de los legionarios anunciarán a los dormidos habitantes con sus lenguas de metal la partida del rey, mi padre. Tú, Paulo, al frente de tu manÃpulo, debes escoltarle hasta Roma. ¿Sabes a qué va mi padre a la ciudad del César?
—No, a fe mÃa. Me mandaron escoltarle y obedecerle. Ésta es mi consigna.
—Pues bien, Paulo, mi padre va a Roma porque mis hermanos le acusan ante el Senado como asesino de nuestra madre; pero con esa acusación han firmado su sentencia de muerte.
—Herodes no matará nunca a sus hijos: es padre.