El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Los cuervos del LÃbano olfatearon la carne muerta, y abandonando sus cóncavas rocas, comenzaron a mecerse sobre las horcas, lanzando estridentes graznidos.
El padre les brindaba el festÃn con los cadáveres de sus hijos; pero los habitantes de Berito, repuestos un tanto de su sorpresa, burlaron sus carnÃvoras esperanzas, dando un sepulcro ignorado y humilde a aquellos dos prÃncipes infortunados.
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Herodes llegó a su ciudad favorita. Durante el camino, Antonio y su centuria, aterrados con la cruel venganza de aquel padre bárbaro, siguieron triste y cejijuntos la litera de su nuevo señor, como si fuera el cadáver de un general, muerto en el campo de batalla.
Su consigna era obedecer a Herodes. Aquellos soldados rudos y curtidos en la guerra obedecÃan sin replicar, pero con repugnancia.
Cuando el idumeo llegó a Jericó, mandó sin perder un momento a Verutidio con su legión sobre Jerusalén, la ciudad santa.