El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota El general romano debía apoderarse de Antipatro y trasladarlo a Jericó cargado de cadenas; pero el príncipe rebelde, sabedor de que su padre había frustrado sus planes, antes de que los soldados romanos llegaran a las murallas de Jerusalén, creyéndose perdido, salió disfrazado de la ciudad durante la noche, y gracias a la velocidad de su caballo logró salvarse por entonces del peligro que le amenazaba.
Algunos cómplices de Antipatro fueron conducidos a los calabozos de la torre Antonia cargados de cadenas.
Cuando el feroz Herodes supo que su hijo se había escapado, tuvo un acceso de cólera terrible. Aquel monstruo, olvidándose de la dignidad de un rey, se rasgó los vestidos, y atacado de los terribles dolores de estómago que padecía, se revolcó por el suelo, arrojando espumarajos y blasfemias por su inmunda boca.
Más que un monarca, parecía un perro rabioso; más que un hombre, se asemejaba a una bestia inmunda devorada por las mordeduras de los insectos venenosos. Cuando el Escalonita era presa de esos accesos de furor, sólo dos personas se atrevían a dirigirle la palabra: su nieto Achiab y su esclavo Cingo; porque era peligroso hablarle en aquellos momentos.