El mártir del Gólgota

El mártir del Gólgota

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—Todo me indica que esta madriguera está habitada por los bandidos samaritanos —se dijo—; he visto huesos frescos de carnero esparcidos por el suelo, y teas resinosas recién apagadas metidas en sus argollas de hierro. Es igual: he venido por oro y no lo encuentro; esperaré a que regresen, y ellos me lo darán; de todos modos yo necesito un albergue… será este castillo.

Entonces se encaminó a una pieza que ya había visto antes y que, según su cálculo, debía ser la cocina y comedor de los bandidos. Una vez allí comenzó a registrar cuidadosamente todos los oscuros rincones de la cocina, y no tardó mucho en descubrir una pierna de carnero colgada de un gancho de hierro. Llevó adelante sus investigaciones y sucesivamente halló ánforas con agua, pellejos de vino y sacos de maíz en varios huecos practicados en la pared, y que a primera vista no había distinguido a causa de la oscuridad.

Aquello era la despensa de los bandidos, y Dimas pensó aprovechar el tiempo. Firmemente resuelto a esperarles, se encaminó al fogón o chimenea, que se hallaba, según costumbre de los hebreos, en mitad de la cocina, y con gran alegría de su parte vio que relucían entre las cenizas algunas ascuas.

A los extremos del hogar se hallaban algunos troncos de leña seca, entre los que se veían algunas teas esparcidas. Dimas reanimó el fuego y encendió una tea, porque en aquel sitio la claridad era poca.


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