El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Los fieles huyeron con horror de la casa de Dios ante aquel asesinato sacrílego. La noticia corrió con la velocidad de la desgracia por todos los ámbitos de la ciudad. Algunos pacíficos comerciantes cerraron sus tiendas y ocultos en el rincón más apartado de sus casas, comentaron el hecho en voz baja y amedrentada entonación. Las patrullas de soldados romanos pasearon las calles. Algunos jóvenes más atrevidos enseñaban a los soldados, en señal de amenaza, sus puños cerrados, porque aquel crimen que manchaba la morada de Dios había llenado de espanto a los medrosos, y de odio y venganza a los valientes hijos de la abatida raza de Israel.
Treinta años después esta muerte sacrílega e injusta hizo exclamar al Mártir del Gólgota estas palabras: «Sobre vosotros caerá toda la sangre inocente derramada en la tierra desde la del justo Abel, hasta la de Zacarías, a quien habéis quitado la vida entre el altar y el templo.»
La muerte de Zacarías fue el sangriento epílogo con que terminó la terrible tragedia de los mártires de Belén.
La sangre del justo manchaba los mármoles de la casa del Santo de los Santos. No estaba lejano el día en que la sangre de Dios debía correr por las ásperas pendientes del Gólgota.