El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota —Jerusalén llora como siempre —respondió Antipatro—. Las hijas de Israel han roto sus salterios y han colgado sus arpas del tronco de las palmeras.
—Los jerosimilitanos llorarán eternamente, mientras el águila de los impÃos extienda sus alas de oro sobre la casa de Dios —dijo MatÃas.
—El águila se rompe y los impÃos se exterminan —dijo a su vez Dimas.
—No olvidéis que el pueblo de Israel teme a las legiones del César —repuso Sedoc.
—Pero tened presente que el rey tributario se halla en las últimas horas de su vida —dijo Antipatro—; que otro rey debe reemplazarle en cuanto expire y que yo sé respetar las leyes de Moisés y venerar el templo de Jehová, Dios invisible y verdadero. Los buenos tiempos de Josué, David y Salomón aún pueden tornar para los descendientes de Jacob, y si un rey justo empuña el cetro de Judá. Yo vengo a ofreceros mi sangre y mis parciales para la empresa. Decid, pues, si me admitÃs como amigo.
—Piensa, joven, que si Israel desnuda su acero, será la primera vÃctima tu padre —le dijo Sedoc con voz imponente.