El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Esta operación se hizo con la pausa suficiente para que MatÃas leyera los versÃculos hebreos de la ley con voz grave y pausada.
—Éstas son —dijo Sedoc— las principales leyes de los hebreos que redujo a diez capÃtulos el Señor Dios nuestro, y que escritas están en las Tablas del profeta Moisés. Hay un capÃtulo para cada dedo de la mano; no lo olvides; guárdalos en tu memoria y escrÃbelos en las tablas de tu pecho.
MatÃas comenzó a leer las sabias leyes esparcidas por el sublime legislador del Sinaà en el Éxodo y el LevÃtico.
Antipatro, sin alzar los ojos del suelo, murmuraba con imperativo fervor un amén a cada terminación del versÃculo.
Sedoc, impasible, hacÃa girar el cilindro, y Judas y Dimas, inmóviles como si fueran dos estatuas de piedra, sólo agitaban sus labios para decir asà sea, tan pronto como el eco de la última letra del amén de Antipatro se perdÃa en las profundidades de la cueva.