El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Las mujeres se rasgaban los vestidos, los hombres se mesaban los cabellos y los muchachos agitaban en son de amenaza los martillos y las mazas. Desde entonces, cada vez que de los labios del lector sacerdote salÃa el nombre de Amán, los asistentes descargaban furiosos golpes con sus martillos sobre el mismo nombre que poco antes habÃan escrito con carbón o yeso, exclamando con toda la fuerza de sus pulmones:
—Borrado sea tu nombre; el nombre del malvado sea destruido.
El dolor de los judÃos se cambió en atronadora alegrÃa cuando leyó el sacerdote el versÃculo 10 del capÃtulo VII, en que dice: «Y asà fue colgado Amán en el patÃbulo que habÃa preparado para Mardocheo, y cesó la ira del rey.»
Tocaba a su término la lectura del libro de Esther, cuando un acontecimiento inesperado vino a turbar la solemnidad religiosa de la fiesta de las Suertes.
—¡Abajo los Ãdolos de los impÃos! —exclamaron varias voces que figuraban salir de la parte alta de los pórticos del templo.
—¡El león de Judá quiere ser libre! —respondieron otras voces que salieron de la multitud que llenaba el atrio de las naciones.