El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota —Se halla a la parte opuesta del monte. Pero no perdamos tiempo, hoy hemos andado mucho y el sueño me escarabajea entre las cejas.
—Vamos, pues.
Y comenzaron a bajar de roca en roca como dos cabras monteses, en dirección a la llanura.
La noche era clara y tranquila, y el céfiro nocturno apenas tenÃa fuerza para agitar las hojas de los árboles.
—Tú que serás práctico en la marcha de los astros —preguntó Dimas a su compañero—, ¿a qué altura nos encontramos de la noche?
UrÃes miró al cielo y luego dijo:
—Es temprano: nos hallamos a la cabeza de la osgelis;[7] antes que llegue la hora del galicidio[8] podrás encontrarte en Bethel. Una vez allÃ, caminas siempre hacia el Este, bordeando un arroyo que te conducirá a las riberas del Jordán, luego tuerces en dirección al Sur hasta encontrar a Jericó; de Jericó a Jerusalén nadie se pierde, porque las caravanas abundan, y después la vÃa romana te conducirá a la ciudad santa, aunque yo voy a darte un consejo: los caminos hechos por los romanos, que Dios vivo confunda, no nos convienen a nosotros tanto como las veredas intransitables de los lobos. Créeme, joven, más vale caminar solo por los bosques que acompañado por los caminos de César.
—Te doy las gracias y seguiré tu consejo.