El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota El Idumeo solicitaba las caricias de aquel puñado de niños, como si de ellos dependiera su felicidad eterna; pero el rostro ulcerado y fétido del enfermo, asustaba a los niños, demostrando su repugnancia con la franqueza peculiar de esa edad, en que todo se dice porque se ignora el valor de las palabras.
Dios quiso negarle hasta el cariño de aquellos inocentes. Su muerte fue un grito de alegrÃa para Israel. Sólo un ser lloró la muerte de aquel tirano: su esclavo Cingo. Su familia no derramó ni una lágrima, no exhaló ni un suspiro de dolor.
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El entierro de Herodes fue fastuoso. La tradición sólo recordaba uno que se le pareciera: el de Salomón.