El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota —Tu vida, que los dioses conserven por largos años para bien de tu pueblo, me servirá de ejemplo, cuando la pesada carga que me confÃas caiga sobre mis hombros. Yo seré digno de ti; lo juro por el nombre de mi madre.
—Escucha, Tiberio; yo te adopto por hijo, pero quiero que tú, a tu vez, adoptes también a Germánico, nieto de Octavia, mi hermana, y esposo de Agripina, la hija de mi mejor amigo. Es un joven leal y valiente, que dirigido por ti, será un gran general. Júrame por los dioses Lares que serás el protector, el padre de ese joven, y moriré contento.
—Lo juro —respondió Tiberio sin vacilar.[18]
—Mira, guarda mi testamento y dispón mis funerales, porque el nuevo sol alumbrará mi cadáver.
Tiberio besó la mano del César, dejando en ella una lágrima: la primera y la última que derramó durante su vida.
Octaviano Augusto no se habÃa equivocado: dos horas después estaba expirando.