El mártir del Gólgota

El mártir del Gólgota

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—¡Octaviano Augusto, álzate de tu lecho mortuorio!

El mismo silencio reinó en la sala, y transcurrida otra hora, Tiberio por tercera vez repitió:

—¡Octaviano Augusto, álzate del lecho mortuorio!

Transcurrieron algunos segundos y el nuevo emperador dijo, dirigiéndose a los que le rodeaban:

—Le he llamado y no responde: muerto es el César. Presentad al Senado su testamento.

Y alargó los pergaminos que le nombraban heredero a uno de los senadores. Un liberto presentó a Tiberio en una pequeña bandeja de oro un triente, pequeña moneda de valor de seis maravedises. Tiberio la cogió y la metió en la entreabierta boca del cadáver, para que con ella pagara el pasaje a Caronte, barquero de los infiernos.

El cuerpo del César fue entregado a los esclavos embalsamadores, que le lavaron con agua caliente y le perfumaron, y los encargados del templo de Venus Libitina[19] presentaron a los parientes del emperador una riquísima mortaja de púrpura y oro. La rama de ciprés se colgó sobre la puerta de la casa mortuoria,[20] y el cadáver de Octaviano fue puesto en el lecho de marfil, en el vestíbulo de la casa, con los pies fuera para denotar que estaba pronto a emprender el último viaje.


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