El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Hecho esto, las plañideras comenzaron a llorar y a mesarse los cabellos, arrojando de vez en cuando flores y hojas de laurel sobre el cuerpo de su emperador.
El César estuvo ocho días expuesto. Algunos jóvenes de la nobleza, vestidos de blanco en señal de luto, de pie y graves al lado del féretro, espantaban las moscas importunas que se posaban sobre el rostro de su señor. Los funerales fueron espléndidos, suntuosos. Rompían la marcha multitud de coros de flautas y trompetas;[21] detrás seguían las plañideras alquiladas para llorar y cantar himnos fúnebres y loas en elogio del muerto, y a continuación los cómicos y los bufones, uno de los cuales remedaba en cuanto podía al difunto, ejecutando con sus compañeros de farsa alguna escena análoga a la vida del que ya no existía.[22] Detrás seguían los libertos, y Tiberio, por vanidad, había dado libertad a todos los esclavos del César para que el número fuera excesivo. A los libertos seguían las imágenes del difunto y de sus abuelos, atadas a unas varas largas puestas en cuadros, con el vestido que llevaban en vida.
Luego el cadáver del César, tendido sobre su lecho y coronado, y con los despojos de sus conquistas, era llevado por ocho senadores.