El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Antipas llenó de caricias y regalos a aquella niña, y dio una cita en voz baja a su madre, a quien amaba en secreto desde hacÃa tiempo. Filipo era bueno y confiado. Cuando después del festÃn todo el mundo se retiró a descansar de las fatigas del dÃa, Filipo acompañó a Antipas a la estancia que le habÃa dedicado. Jamás Antipas habÃa demostrado más cariño, más deferencia a Filipo que en aquellos cortos instantes que permanecieron solos hablando del estado de sus tetrarquÃas, e hÃzole promesas que llenaron de gozo el corazón.
—¿Cuándo sales para Roma? —le preguntó Filipo.
—Mañana al despuntar el alba.
—DesconfÃa de Tiberio. La serpiente favorita que llevaba siempre enrollada al cuello ha sido devorada por las hormigas. Trasilio, su astrólogo, le ha vaticinado que aquello querÃa decirle que él serÃa muerto por la muchedumbre: este augurio le ha hecho arisco y receloso. Encerrado en la fortaleza de Caprea, no ve más que enemigos en todos aquellos que se le acercan: el miedo a la muerte le hace cometer crÃmenes horribles.
—Nada temo —respondió Antipas—. Tiberio es mi amigo; yo soy su más fiel aliado.