El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota —SÃ, pero mañana lo sabrá.
—¿Qué me importa, si te tengo en Galilea, en mi palacio, rodeada de mis soldados? Yo soy más fuerte; no vendrá a buscarte, te lo aseguro. Si me declara la guerra, tanto peor para él. Conquistaré sus ciudades y me pagará tributo. No debe importarte nada ese hombre.
—Tienes razón. Hablemos.
—Ya te escucho.
—¿Tú vas a Roma?
—Mañana.
—¡Tan pronto!
—Tengo precisión de ver a Tiberio, mi aliado.
—¿Cuándo piensas regresar a tus tribus?
—Lo ignoro.
—Entonces nada podemos convenir.
—¿Por qué no? Yo procuraré mandarte emisarios que te indiquen el dÃa en que debes hallarte en la ribera de Cafarnaum, y una vez allÃ, nada temas; estaré a tu lado.
—Yo sólo temo una cosa: que tú no me ames.
—¿Puede un hombre sin amor faltar asà a lo más sagrado?
—¡Sin embargo, tu esposa!…