El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota —Será esclava tuya y harás lo que te plazca de ella.
—¿Por qué la traes contigo?
—Ruth no es para mà una mujer; es una musa, un cisne que canta para adormecerme y embellecer mis sueños. Cuando los dulces acordes de su salterio y las vibradoras notas de su garganta llegan a mis oÃdos, pienso en ti, la única mujer que amo, y entonces el amor de los recuerdos bate sus alas sobre mi frente y soy feliz.
HerodÃas guardó silencio como si dudara de aquellas palabras; pero la mirada serena de Antipas pareció tranquilizarla.
—Voy a pedirte una cosa.
—Te la concedo.
—¡Oh! no ofrezcas tan pronto.
—Tienes mi palabra.
—Pues bien, la acepto: dame a Ruth tu esclava —dijo HerodÃas después de un momento de silencio.
Antipas no vaciló en responder:
—Tuya es.
HerodÃas besó la mano que oprimÃa las suyas.