El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Bastante entrado el dÃa llegaron al monte Hebal, y a pocos pasos de la entrada subterránea se detuvieron.
—¿Qué se hace con los camellos? —preguntó UrÃes dirigiéndose a Dimas como si fuera el jefe de la partida.
—Descargadles, y luego volved sus cabezas hacia el mar, dadles la voz de marcha y que vayan adonde quieran.
—¿No serÃa mejor venderlos mañana en Bethel? —repuso uno de los bandidos.
—Ya os he dicho que conviene desorientar a nuestros perseguidores, y estos camellos podrÃan descubrirnos.
—Tienes razón —dijeron varios bandidos.
Descargados los camellos, se les colocó como habÃa indicado Dimas, y los ligeros cuadrúpedos emprendieron su largo trote a través del monte en dirección al Oeste.
Entonces, los bandidos entraron a brazo en el castillo el rico botÃn que tanta sangre les habÃa costado.
Aquella noche Dimas fue proclamado capitán, y al tomar el mando les hizo jurar tres cosas: