El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota HerodÃas palideció de rabia, y dijo a su cómplice:
—¡Eh! Pasa por encima de ese andrajoso.
—Escucha, Antipas —exclamó el Bautista con voz entera e imponente—, y tú también, mujer de Filipo: «No es lÃcito retener la esposa de tu hermano». ¡Ay de los que abriguen bajo su techo a la mujer adúltera! Malditos serán por el Dios invisible de Israel. Torna, HerodÃas a Iturea: el lecho de tu esposo aún está caliente: él te espera. Si estás ciega, abre los ojos a mis palabras; si no oyes, abre los oÃdos a mi voz, que enseña el deber. ¡Maldita sea y muerta a pedradas la adúltera!
Los ojos de HerodÃas despedÃan rayos de cólera. ¡Con qué placer hubiera pulverizado a los pies de su caballo al hombre que se levantaba ante ella como un remordimiento!
Antipas, pálido, abatido, sólo pudo articular estas palabras:
—Juan, aparta.