El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota María abrigaba en su pecho un corazón hambriento de emociones. Su alma impresionable se hallaba sedienta de amor y de placer. Su imaginación, ardiente y voluble como la mariposa, no hallaba nunca un hombre como lo había soñado. Sus miradas, llenas de amor, repartían diariamente entre sus adoradores mentidas esperanzas que alentaban la fe y el entusiasmo de los pretendientes. Todos los jóvenes que rendían culto al placer, a la música, a la pereza, tenían francas las puertas del castillo de Mágdalo. Diariamente se danzaba a la sombra de los tupidos emparrados del jardín, y la hermosa Magdalena, rodeada de sus doncellas, enloquecía a sus adoradores, haciéndoles oír los dones privilegiados de su voz y las dulcísimas notas de su salterio. Imposible era resistir a los encantos que la naturaleza había derramado sobre la hermosa castellana de Mágdalo. Su frente, noble y elevada, tenía la majestad y la belleza de la Venus de Gnido.