El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota como la esencia de la ambrosía.
¿Cómo mirarte
sin adorarte?
Si de tus labios rojos y bellos
brota la esencia de los jazmines,
si el oro puro de tus cabellos
tiene el perfume de los jardines,
¿quién ve tu rostro, flor de las flores,
sin que a tus plantas muera de amores?
¿Quién de tu barba mira el hoyuelo,
y ve tus ojos de luz de cielo,
y no te adora?
Flor de Bethania, luz de la aurora,
¿quién al mirarte no te desea,
aunque te llamen la Pecadora
las envidiosas de Galilea?
Boanerges se detuvo como para tomar aliento. Sus ojos resplandecían con el sagrado fuego de la inspiración, mientras sus dedos continuaban arrancando a la lira dulcísimas notas, cuya armonía deliciosa se perfumaba con la esencia del nardo y de la mirra que llenaba el reducido camarín de la hermosa Pecadora. Magdalena acariciaba mientras tanto con sus pequeñas manos los blondos cabellos del inspirado cantor. Boanerges cantó la estrofa siguiente:
Son tus mejillas flor de granado;
tu frente hermosa, cielo estrellado;