El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Dimas se detuvo. Por su frente corrÃan gruesas y abundantes gotas de sudor, su cuerpo temblaba y su voz iba apagándose poco a poco.
—Ese hombre es Dios —dijo pausadamente Enoé.
Dimas contempló un momento a la egipcia con los ojos arrasados en lágrimas, y contestó con tembloroso acento:
—SÃ, hermana mÃa, Dios, que ha bajado a la tierra de los hombres a salvarle. El que escucha una sola vez la santa bondad de su doctrina, no duda; la fe brota en su corazón. Jesús ha leÃdo en el mÃo, pues por segunda vez resonó su voz en mis oÃdos diciendo: «Dimas, veo tu fe: tu muerte será gloriosa. Lanzarás a mi lado tu último aliento, y conmigo estarás en la mansión de mi Padre».
—¿Qué querÃa decirte con eso? —preguntó Enoé.